El 27 de octubre de 1894, a las 16:30, la provincia de San Juan fue escenario del movimiento telúrico de mayor magnitud registrado en la historia de la República Argentina. El sismo, que tuvo su epicentro en la zona de Rodeo, en el departamento Iglesia, se prolongó por casi tres minutos y alcanzó una intensidad que osciló entre los 7,5 y 8,9 grados en la escala de Richter.
La onda expansiva del fenómeno se sintió en un radio de unos 500 kilómetros, provocando graves daños en San Juan y La Rioja, además de efectos menores en Catamarca, Córdoba, San Luis y Mendoza. Dentro del territorio sanjuanino, las áreas más castigadas incluyeron a Caucete, Valle Fértil, Albardón, Angaco, Alto de Sierra y la propia ciudad capital.
En aquella época, la infraestructura urbana estaba compuesta mayoritariamente por construcciones de adobe, lo que facilitó el colapso de fachadas, cornisas y parapetos. Los edificios religiosos sufrieron graves deterioros: la iglesia de Las Mercedes quedó inhabilitada, la torre norte de la Catedral perdió su parte superior y las capillas de los Dolores y San Pantaleón registraron daños severos, al igual que el frente del teatro local.

La Casa de Gobierno también resultó inhabitable, lo que obligó a las autoridades a instalar oficinas improvisadas en la Plaza 25 de Mayo para coordinar la asistencia. En las semanas posteriores, el entonces gobernador Domingo Morón recorrió las calles para supervisar la ayuda a los afectados, mientras la población decidió abandonar sus hogares por temor y pasar las noches en plazas y espacios abiertos.
Un informe oficial del Ministerio del Interior, basado en relevamientos de técnicos de la época, documentó los destrozos y señaló la aparición de grietas en zonas próximas a los ríos en Albardón y Angaco, de las cuales emanaba agua de manera constante. Asimismo, el ingeniero Belgrano, a cargo de la Secretaría de Obras Públicas, describió que el panorama urbano se volvía más desolador a medida que uno se internaba en la ciudad.
A pesar de la enorme magnitud del sismo, el saldo fatal fue considerablemente menor al de eventos posteriores como los de 1944 y 1977. Los registros históricos varían desde las 20 víctimas fatales contabilizadas por el historiador Horacio Videla hasta otras estimaciones que calculan hasta 52 fallecidos en San Juan y 8 en La Rioja, una cifra atenuada en parte por la hora en que ocurrió el fenómeno, que sorprendió a la mayoría de los habitantes fuera de los edificios.








