Las elecciones generales en Israel concluyeron sin un ganador indiscutible y abrieron un escenario de complejas negociaciones para formar gobierno. Con un porcentaje avanzado del escrutinio, el partido Likud, liderado por el primer ministro Benjamín Netanyahu, se situaba en el primer puesto, mientras que los bloques de oficialismo y oposición quedaban por debajo de la mayoría necesaria en la Knéset, el Parlamento de 120 miembros.
El bloque encabezado por Netanyahu sumaba entre 54 y 55 escaños, dependiendo del avance del recuento, mientras que la oposición liderada por el centrista Gadi Eisenkot reunía entre 47 y 52 bancas. Para alcanzar la gobernabilidad se requiere un mínimo de 61 escaños, por lo que ninguna de las dos fuerzas principales logra imponerse por sí sola y ambas necesitan sumar apoyos externos.
Un factor determinante en estos comicios fue el crecimiento de la participación en localidades con mayoría de ciudadanos palestinos de Israel, especialmente en el sur del país como en Rahat, donde la concurrencia superó el 80%. Con este incremento, las formaciones árabes alcanzaron entre 16 y 19 escaños, divididos principalmente entre la Lista Conjunta y el partido islamista Raam, transformándose en piezas clave para cualquier acuerdo.
Desde los espacios árabes ya manifestaron su postura ante el futuro político del país. El líder de la Lista Conjunta, Yusef Yabarín, afirmó que su espacio está dispuesto a trabajar para impedir la continuidad del actual gobierno y declaró que estarán preparados para allanar el camino y mandar de vuelta a casa al oficialismo.
Por su parte, la conformación de alianzas presenta divisiones en el arco opositor, donde la mayoría de los dirigentes rechaza incorporar formalmente a estas fuerzas, aunque existen excepciones como la del líder de Los Demócratas, Yair Golán, quien cuestionó la división entre votos judíos y árabes y dejó abierta la posibilidad de aceptar su respaldo.
Durante la jornada electoral, la votación estuvo marcada por una alta participación a nivel nacional y por denuncias de fraude. Netanyahu cuestionó a los partidos árabes y denunció un presunto intento de soborno electoral en el sur del país, donde tres personas fueron detenidas con sobres de dinero, un episodio calificado por las autoridades electorales como un caso aislado bajo investigación.





