El Partido Demócrata logró una victoria en las elecciones legislativas de Estados Unidos y consiguió el control tanto del Senado como de la Cámara de Representantes. Este resultado significó una dura derrota para los republicanos y dejó al presidente Donald Trump frente a un Congreso dominado por la oposición para la segunda mitad de su mandato.
El avance demócrata reflejó el descontento de una parte del electorado con la gestión del mandatario. Entre los principales factores que incidieron en el resultado se ubicaron el aumento del costo de vida, los aranceles comerciales y la guerra contra Irán, que provocó un incremento en los precios del combustible.
Uno de los triunfos más significativos en la Cámara alta se produjo en Maine, donde el demócrata Troy Jackson derrotó a la senadora republicana Susan Collins. A esto se sumaron los resultados obtenidos en Kansas e Iowa, que terminaron de asegurar la mayoría en el Senado.
En Kansas, el pastor metodista Adam Hamilton se convirtió en el primer demócrata elegido senador por ese estado conservador desde 1932. En tanto, en Texas, James Talarico ganó la contienda por un lugar en el Senado y celebró su triunfo al afirmar que había derrotado a "Goliat", mientras que Gina Hinojosa venció al gobernador republicano Greg Abbott.
En la Cámara de Representantes, los demócratas ampliaron su representación en distritos de Pensilvania, Kentucky, Arizona, Carolina del Norte y Nueva Jersey. Varios de estos distritos habían respaldado al oficialismo en los comicios presidenciales anteriores.
Pese al avance opositor, los republicanos también consiguieron victorias destacadas. En Florida, Byron Donalds ganó la gobernación y se convirtió en el primer mandatario negro de ese estado, mientras que Ashley Moody conservó su banca en el Senado tras una competencia ajustada.









