Cada 12 de febrero se recuerda la victoria del Ejército de los Andes en Chacabuco, un triunfo que abrió el camino hacia la independencia de Chile y del Perú. Sin embargo, esa gesta tuvo una condición previa fundamental que rara vez figura en los manuales de historia: lograr que las tropas pudieran atravesar la cordillera.
A fines de 1816, el plan ideado por el general José de San Martín desde el Campamento de El Plumerillo enfrentaba un problema logístico colosal. Era necesario trasladar a más de 5.000 hombres, 10.000 mulas, 1.500 caballos y 21 piezas de artillería por pasos que, en numerosos tramos, eran apenas estrechas sendas utilizadas por arrieros.
Para resolver este obstáculo, San Martín decidió incorporar personal civil especializado. Según registros del Archivo General de la Nación y las Memorias del Ejército de los Andes, se reclutaron aproximadamente 120 trabajadores de las minas ubicadas en la precordillera de San Juan y Mendoza.
Este grupo estuvo conformado por barreteros, pirquineros y canteros, hombres cuyo oficio diario era la manipulación de la roca. Su herramienta principal era la barreta, una barra de hierro puntiaguda, y su conocimiento consistía en interpretar la veta, calcular voladuras y abrir paso en lugares donde la montaña parecía intransitable.
Los trabajadores no integraron las unidades de combate, sino que fueron sumados como un cuerpo auxiliar de ingenieros y zapadores. Operaron bajo las órdenes del capitán de ingenieros Antonio Arcos y del fraile ingeniero Luis Beltrán, quien estaba a cargo del parque y maestranza.
La misión de estos hombres comenzó semanas antes del desplazamiento principal de enero de 1817. Divididos en cuadrillas y adelantados a las columnas principales, se encargaron de habilitar los pasos de Los Patos en San Juan y Uspallata en Mendoza, ensanchando huellas, retirando derrumbes y tallando escalones en la roca y el hielo para permitir el traslado de la artillería.
Asimismo, construyeron parapetos, repararon puentes y acondicionaron zonas de descanso en la alta montaña. Sin su intervención previa, las cureñas de los cañones y los pesados convoyes no habrían superado los desfiladeros y quebradas.
Una vez concluida la campaña, aquellos hombres retornaron a sus labores habituales en las minas sin recibir grados, medallas o pensiones, y la historia oficial los denominó genéricamente como peones. En la actualidad, el Batallón de Ingenieros de Montaña 8 'Barreteros de Cuyo', con asiento en la provincia de San Juan, lleva su nombre en homenaje a aquellos zapadores.






