Un estudio científico publicado en Nature Communications alertó que el agua del océano penetra varios kilómetros por debajo del glaciar Thwaites, en la Antártida, derritiendo su base y modificando las proyecciones sobre el aumento del nivel del mar para el año 2100.
El trabajo, liderado por Mattia Poinelli junto a Eric Rignot y Hélène Seroussi, calcula un aporte de hasta 30 milímetros, con un margen de seis milímetros, proveniente exclusivamente de este glaciar. Esta cifra representa el doble de las estimaciones anteriores, incluso sin sumar un mayor calentamiento climático.
El fenómeno ocurre en la llamada línea de apoyo, la zona de transición entre el hielo asentado sobre el lecho marino y el que flota. Mientras que muchos modelos la representan como un límite preciso, las observaciones satelitales demuestran que se trata de una franja dinámica donde las mareas permiten el ingreso de agua marina.
Para evaluar este proceso, el equipo investigador reconstruyó la evolución del glaciar entre 1996 y 2023 y contrastó las simulaciones con registros de velocidad, espesor del hielo y posición de la línea de apoyo. El análisis determinó que las simulaciones solo lograban replicar los cambios observados al incluir zonas de derretimiento de entre dos y cinco kilómetros.
Desde 1996, la línea de apoyo retrocedió unos 25 kilómetros en el sector occidental de Thwaites. Actualmente, una elevación submarina denominada Mouginot funciona como punto de sostén, pero el nuevo modelo advierte que el ingreso de agua puede erosionar esa estabilidad.
Para las proyecciones a futuro, los autores mantuvieron las condiciones climáticas basadas en el promedio de las últimas décadas para aislar el efecto del agua bajo el hielo. Con intrusiones de cinco kilómetros, la proyección alcanzó los 30 milímetros, superando al promedio de un conjunto internacional de modelos bajo condiciones similares.
Los investigadores señalaron que el estudio presenta limitaciones al simplificar la circulación oceánica y mantener fija la franja de ingreso de agua, por lo que insistieron en la necesidad de realizar más mediciones directas y de incorporar este mecanismo en futuras simulaciones climáticas.






