La disputa entre Patricia Bullrich y la Casa Rosada desplazó temporalmente a la vicepresidenta Victoria Villarruel del centro de la escena política. Mientras la titular del bloque libertario expone sus diferencias con el oficialismo, Villarruel sigue de cerca los movimientos sin apurar definiciones sobre su futuro político.
Durante meses, la vicepresidenta estuvo en el foco de las acusaciones de traición, un lugar que ahora pasó a ocupar Bullrich. A Villarruel este contraste le resulta favorable, y desde el inicio del deterioro de su relación con el presidente Javier Milei, ha hecho de la institucionalidad su bandera, remarcando que no planea romper con el Gobierno.
Su nombre cobró notoriedad recientemente ante la posibilidad de quedar excluida de la recepción oficial al papa León XIV. Para evitarlo, envió una carta al Pontífice invitándolo al Congreso y logró que el Senado aprobara por unanimidad una resolución para su visita, exigiendo también representación institucional en el Palacio Libertad, lo que derivó en la confirmación de su invitación por parte del Ejecutivo.
A pesar de ocupar un segundo plano en las internas actuales, la titular del Senado no se encuentra ajena a la situación. Observa las tensiones dentro de La Libertad Avanza y las conversaciones opositoras, manteniendo abiertas sus aspiraciones presidenciales aunque su entorno considera prematuro hablar de candidaturas.
Cerca de la vicepresidenta señalan que la prioridad actual pasa por conocer las reglas electorales para 2027. Al igual que el sector de Bullrich, estiman que no están claros los votos para suspender las PASO y consideran que el sistema de votación debería definirse antes del 1 de enero.
El cierre del período de sesiones ordinarias el 30 de noviembre añade presión al calendario legislativo, a pesar de la posibilidad de que el Gobierno convoque a extraordinarias. Asimismo, desde el entorno de Villarruel siguen con atención los movimientos y las fechas de votación en la provincia y en la Ciudad de Buenos Aires.





